En la meseta tibetana, China desarrolla un gigantesco complejo solar en Talatan, Qinghai, que ocupará unos 610 kilómetros cuadrados y tendrá más de siete millones de paneles.
Lo sorprendente es que el terreno bajo las instalaciones comenzó a reverdecer.
Los paneles reducen la velocidad del viento, proporcionan sombra y disminuyen la evaporación del agua del suelo.
Además, se sembró vegetación para estabilizar el terreno y el agua utilizada para limpiar los módulos también aporta humedad.
Estudios científicos detectaron cambios favorables en el microclima y mayor vegetación.
Incluso miles de ovejas pastan entre los paneles para controlar el crecimiento de hierba.





