La capital francesa atraviesa una intensa ola de calor con temperaturas cercanas a los 40 °C, un escenario cada vez más frecuente por el cambio climático.
Los edificios antiguos, especialmente aquellos con techos de zinc, acumulan calor durante todo el día y dificultan el descanso nocturno de sus habitantes.
Ante esta situación, las autoridades han habilitado refugios climáticos, ampliado horarios de piscinas y reforzado las alertas sanitarias para proteger a la población más vulnerable.
Expertos advierten que estos fenómenos serán más habituales si no se reducen las emisiones de gases de efecto invernadero y no se fortalecen las medidas de adaptación en las ciudades.





