La tecnología flex-fuel permite que un mismo motor funcione con gasolina, etanol o distintas proporciones de ambos combustibles. Brasil lleva décadas perfeccionando este sistema, cuyo desarrollo se aceleró tras la crisis petrolera de los años 70 y el impulso a la producción de etanol de caña de azúcar.
La clave está en la electrónica: la computadora del vehículo ajusta automáticamente la cantidad de combustible y el momento de encendido según la mezcla utilizada.
Desde los primeros sistemas comerciales de comienzos de los años 2000, esta tecnología se convirtió en una característica fundamental del mercado automotor brasileño.





